“Clever” (Álvaro Sanjurjo Toucon)

Del humor absurdo al absurdo sin humor

Un divorciado, instructor de artes marciales, recoge a su hijo del hogar materno, rehuye su transitorio rol de padre, deja al chico en casa del abuelo y marcha a un pueblo perdido en busca del artista que decorará la carrocería de su automóvil. En el poblado hallará estrafalarios personajes: hombres que ingieren helados de vino, una mujer mayor que intenta seducirlo y otros.

El relato busca, aparentemente, insertarse en el clásico humor neurótico: el “nonsense” del Hollywood de los cuarenta, el humor de los Monty Python, del cine de los “Beatles”, el de la uruguaya Retrato de un comportamiento animal y similares. Films que en su juego del absurdo poseen la coherencia imprescindible para lograr la risa según la definiera Bergson: como producto de una deformación o caricatura, como proyección y descarga de algo que nos representa.

Federico Borgia y Guillermo Madeiro –que ya habían incursionado en la comedia con Nunchaku, film de casi una hora realizado en 2011- parecen haber desconocido los resortes de ese humor no ajeno al surrealismo, convirtiendo a su juego del humor absurdo en absurdo sin humor. Parte de ello obedece a un desequilibrado manejo de los tiempos –las escenas en el automóvil insumen lapsos exentos de contenido de especie alguna- y no poco a la irrupción de los personajes que se cruzan sorpresivamente en el derrotero del protagonista. Es sabido que la comicidad generada por un individuo depende de la oposición de por lo menos dos situaciones atravesadas por este. Al respecto recordamos la explicación que daba Ferruccio Musitelli acerca de porqué resultaba jocoso aquel personaje que en La ciudad en la playa secaba su traje de baño separándolo del cuerpo. “Si yo mostrara de primera al individuo secándose el traje de baño –señalaba el cineasta-, nada significaría para el espectador. Como previamente se le había visto muy circunspecto, su acción generaba risa”. El maestro Musitelli aplicó el principio de proyección y descarga enunciado por Bergson. La experiencia ajena y los manuales son recomendables herramientas.

Borgia y Madeiro hacen de su guión un producto cuyos propósitos (y sentido del humor) quedan restringidos a sí mismos y seguramente a quienes participaran en la elaboración del film.

Correcto en cuanto a su imagen, con un montaje que logra continuidad temporal, discreto en lo referido a sonido, otra de las endebleces de Clever es la ausencia de expresividad en Hugo Piccinini. Su máscara inconmovible no funciona como la de Buster Keaton.

Quizás limitación de quien escribe, nos fue imposible desentrañar el propósito de la canción final en inglés.

Contrariando a los jurados de numerosos festivales de todo el mundo, que galardonaran a Clever, hallamos aquí tan solo el esquicio de cuanto quiso ser.

Clever” (Clever). Uruguay 2016. Dir. y guión: Federico Borgia y Guillermo Madeiro. Con: Hugo Piccinini, Antonio Osta, Marta Grane.

Álvaro Sanjurjo Toucon (Semanario Crónicas)