Festival de cine de Punta del Este 2016 (Sergio Moreira)

 

Festival en febrero y buenas películas

Del 21 al 27 de febrero, Punta del Este realizó su ya tradicional Festival (no sólo porque es el más antiguo de Latinoamérica) sino porque ya hace más de 15 años que se mantiene año tras año; cabe aclarar que el número 19 de este año es porque, ya en su segunda edición, recomenzó como tercer festival, contando los dos que se habían realizado en la década del 50.

A diferencia de ediciones anteriores se decidió por parte de la organización, invitar a la prensa tan solo durante tres días, por lo que – dependiendo del medio que se lea – cada cronista contará sobre distintos filmes que ha visto. En el caso de quien escribe, tuve la oportunidad de concurrir a los últimos tres días, por lo que pude apreciar algunos de los filmes exhibidos a partir del jueves.

Lamentablemente no pude acceder a títulos de importancia como La luz incidente de Ariel Rotter, que fuera ganadora del Festival; La patota de Santiago Mitre y La calle de la amargura de Arturo Ripstein; pero con varios colegas y amigos (Eduardo Alvariza, Guilherme de Alencar Pinto y Diego Faraone) pudimos ver varios buenos filmes como Casi memoria de Ruy Guerra; Clever de Federico Borgia y Guillermo Madeiro y Mi gran noche de Álex de la Iglesia.

He aquí un racconto de lo visto en estos tres días:

Obra (2014) de Gregorio Graziosi, con Irandhir Santos.

En el terreno que se utiliza como base para un nuevo edificio, se encuentran varios cuerpos; esto genera dudas en el capataz de obra y también en el propietario del lugar; heredado de su abuelo. La temática es muy interesante, el problema está en la narración que deja claro que el director tiene una visión más cercana a su profesión de arquitecto que a la de narrador. Excelente fotografía, pero pésima dirección de actores que logra lo casi imposible, que un gran actor como Irandhir Santos se vea como un estudiante de teatro. Lamentablemente mucho de lo interesante del filme se ve perdido por decisiones de dirección que no favorecen al filme, incluyendo el abuso de la música incidental, que nos prepara constantemente para algo que no aparece. Flojo debút en largo de Graziosi, aunque en varios momentos demuestra que tiene cosas para contar.

Casi memoria (2015) de Ruy Guerra, con Tony Ramos y Charles Fricks. La presencia del histórico director Ruy Guerra, uno de los ejemplos vivos del Cinema Novo, fue acompañada por la exhibición de su más reciente filme. La obra es un delirio en el que un personaje se encuentra con él mismo, pero varios años más joven. Mientras la película va sucediendo, se hace un racconto de lo que sucedió en Brasil en el Siglo XX. Lo que sorprende es la vitalidad de Guerra, quien subió corriendo al escenario para recibir un premio que luego cedió a su productora e hija; pero sobretodo visto en su cine. Guerra es un director que no teme demostrar que sigue viendo cine, en un filme donde parece mezclar a Lars Von Trier, Sam Raimi y David Lynch. Mucho al parecer le debe al libro original, pero el cine de ruptura es algo que siempre lo ha acompañado, aquí no teme romper con la cuarta pared y los personajes terminan hablando directamente con el público, haciendo referencia en varios momentos a su caracter de personaje. Filmada en locaciones y casi como si fuera una obra de teatro, la solvencia del director y de su elenco; con mayor énfasis en Ramos y Fricks logran hacer una obra entretenida e interesante.

Clever (2016) de Federico Borgia y Guillermo Madeiro, con Hugo Piccinini, Horacio Camandule y Néstor Guzzini. La gran sorpresa del Festival, el único largo uruguayo fue muy bien recibido por los extranjeros (prensa y cineastas) y también por la crítica nacional. La historia es la de Clever, un hombre divorciado pero que no ha dejado de pensar en su ex; con quien tiene un hijo. Este le hace notar un coche tuneado que lo obsesiona con tener que encontrar al pintor de las llamas que luce ese auto. Así es que recorrerá varios kilómetros hasta encontrar a este artista. Una gran comedia, con la mejor labor de Piccinini y varias escenas de antología que involucran a Camandule y una barrita de helado, así como a un fortachón y su extraña relación con su madre. Absolutamente recomendable, una gran obra de cine uruguayo.

Mi gran noche (2015) de Álex de la Iglesia, con Santiago Segura, Mario Casas y Raphael. El estilo de la Iglesia permanece incambiado. Luego de algunos traspiés (Los crímenes de Oxford, Balada triste de trompetaLas brujasLa chispa de la vida) vuelve a su estilo más guarro, quizás no tan alejado por momentos de La chispa de la vida o de Balada triste de trompeta, en la que toma el deseo de seguir en la cúspide del éxito de la primera y a Raphael como leiv motiv de la segunda. De todas formas, Mi gran noche se parece un poco más a Muertos de risa, por esa visión tan oscura de la televisión; una máquina devoradora de personas. Raphael está muy bien riéndose de él mismo y la obra es una gran crítica a los medios y a la forma en que muchos se aprovecharon de la crisis europea. Una obra que devuelve a Álex de la Iglesia al buen camino; una maravillosa comedia donde no teme jugar con el espectador enviando varios guiños muy graciosos.

Mi amiga del parque (2016) de Ana Katz, con Julieta Zylberberg, Daniel Hendler, Mirella Pascual y Ana Katz. Una comedia dramática sobre la crisis de una madre primeriza y que sufre el abandono de su marido (si bien no se separa de ella, por trabajo está en otro país). El personaje de Zylberberg se hace amiga de una chica irresponsable que conoce en el parque de juegos. Allí conocerá otras madres e irá descubriendo que esta nueva amiga no parece del todo confiable. Si bien está muy bien relatada (como es el caso habitual en Ana Katz), falla en varios segmentos, por lo menos con el público masculino. No parece solida la relación entre estos dos personajes, ya que hay varios momentos en los que el personaje de Ana Katz (la amiga del parque) no termina de generar confianza, es por esta razon que no se entienden las actitudes de Zylberberg para con ella. Mi amiga del parque logra que todos terminen hablando del filme, pero provoca divisiones en cuanto a quienes están a favor del filme y los que no. Sirve como gran generador de discusiones, la cinta está bien dirigida, así como la dirección del elenco, pero falla en la psicología de algunos personajes o, por lo menos, en lograr transmitir la intención de varios de ellos.

A partir del jueves la exhibición fue excelente, al parecer no fue así los días anteriores. De todas formas este año se cambiaron algunas dinámicas que eran parte de la identidad del Festival. Una de las cosas que caracterizaba a este Festival y lo hacía diferente a los de la región era el sistema de comidas. Es cierto que para el gran público no se notaba, pero en la interna era beneficioso no solo para los periodistas, sino para los mismos cineastas. El tema era así, al mediodía y a la noche nos llevaban a todos juntos (cineastas y prensa) a comer a distintos lugares. Esto generaba una camaradería que lograba que, al final de la semana, se mezclaran todos y se intercambiaran muchas ideas y comentarios. Esto se vio perjudicado en esta edición, que optó por que cada uno fuera a comer a la hora que quisiera.

Muchas notas se generaban antes de manera espontánea, ahora no fue tan así; salvo contados casos donde pudimos entablar charlas más informales con algunos actores; las oportunidades eran las dictadas por la organización.

Espero que esto y el tema de la estadía semanal se pueda solucionar para próximas entregas, en cuanto a la calidad de los filmes exhibidos no fue peor que en otros años; la calidad visual de las exhibiciones a partir del jueves fue de las mejores de los últimos años.

En síntesis, es un Festival que comienza con una nueva administración y en esta edición tuvo percances, que serán facilmente superables en ediciones venideras.

Esperemos que así sea… larga vida al Festival.

Sergio Moreira