«Revenant: El renacido» (Paula Montes)

¿La venganza está en manos de Dios?

Alguna crítica asocia este film del director mexicano, Alejandro González Iñárritu (21 gramos, Babel, Birdman o (la inesperada virtud de la ignorancia), titulado Revenant: El renacido, con el film Furia salvaje (Man in the wilderness”, 1971) de Richard C. Sarafian. Su tema es una historia – basada en hechos reales, novelados, legendarios -, también de caída de un héroe explorador, herido salvajemente, mortalmente por un oso, que fuera abandonado por sus pares, en medio de una naturaleza gélida, hostil. Decidirá vengarse de quienes lo dejaron solo, en su desesperación moral y física por sobrevivir, y en definitiva librado a un destino de muerte.

La historia del cine, del arte, es siempre una suerte de tradición y originalidad; y así antes de los primeros créditos, el film de González Iñárritu, presenta una escena de amor paterno, entre un cazador, comerciante de pieles – interpretado por Leonardo Di Caprio -, y su adolescente hijo mestizo, habido, concebido con una idílica indígena “pawnee”, que aparecerá en el devenir fílmico de la memoria, como alguien trascendente, casi inasible.

Luego G. Iñárritu nos introduce en la vorágine violenta de la guerra, entre una lucha sin piedad entre los amerindios y los colonos de habla inglesa, por las pieles que ambos bandos quieren comercializar para su provecho propio; siendo la historia de la colonización americana, ante todo, una historia de exterminio.

La cámara no da tregua al espectador. Advenirá una cierta quietud, en la cual se escuchan las sonoridades de la naturaleza – de un protagonismo esencial -, los susurros del habla inquietante y expectante de los indios, que espían con sigilo a los hombres blancos.

También los franceses en el siglo XIX, codiciaban estas tierras de Montana, fronterizas al Canadá y más allá. Imágenes de gran crueldad son mostradas al espectador, como el abuso despiadado de una mujer aborigen.

La violencia en todas sus posibles facetas, es la tónica del opus, un western dramático, que en su estética, por momentos, tiene alcances pictóricos, y en su cosmovisión bordea lo metafísico.

La cámara baja y sube, desde la tierra al cielo. Los altísimos árboles que se cimbran por el viento helado, parecen buscar la luz, en un monte laberíntico, acechante, metafórico. Así el director muestra implacable y minuciosamente, cómo un oso salvaje es capaz de destrozar a un hombre, y aquí el film toma el color rojo de la sangre. El héroe de la expedición, el conocedor de los más intrincados caminos a seguir, Hugh Glass (Leonardo Di Caprio) queda mortalmente herido. Se dispone por el sargento (Domhnall Gleeson), que se le cuide y asista en cuanto sea necesario. John Fitzgerald (Tom Hardy) y su joven acompañante, Jim Bridger, – Will Poulter -, serán los encargados. Pero Fitzgerald le dará muerte a su hijo, en una imponente escena, en la cual emerge el racismo, y dejará a Hugh abandonado a su suerte, dándole por muerto a los otros. La tragicidad se impone, moralmente para el joven Bridger que sospecha y no está de acuerdo en el abandono de Di Caprio, y también para el mismísimo Hugh Glass.

Se visualizan las heridas profundas de todo el cuerpo de Hugh, a las que se suma el hambre, la sed, el dolor lacerante por lo único que tenía, su hijo. No puede hablar, solo gime; y sólo sus ojos hablan en ese contexto agónico.

Pero su espíritu se ha propuesto subsistir, luchar por sobrevivir, y ejercer la venganza sobre quienes lo abandonaron y dieron muerte a su vástago.

El espectador asiste a las imágenes de cómo un hombre que sólo se arrastraba, logra ponerse de pie, y es capaz de introducirse en las gélidas aguas de un lago para poder comer un pez, o apelar a las vísceras de un bisonte que ha sido muerto, por un jefe pawnee que lo respeta. La performance de Di Caprio es brillante, con Oscar muy merecido, y/o sin Oscar. Va del gemido a la recuperación de la palabra, inmerso en una historia realista, salvaje, mayor. La escena en un templo derruido, donde se ve la imagen de Cristo crucificado, es visionaria y simbólica.

El tópico “la venganza está en manos de Dios” es un apunte, una inflexión para pensar. Quizás la justicia en este mundo y/o en la eternidad esté en manos de Dios, aunque el Yaveh del Antiguo Testamento, es una divinidad por demás muy castigadora, inexpugnable en sus inescrutables designios.

Las ambigüedades de la naturaleza humana, se presentifican de algún modo en el personaje de Di Caprio, y también en su polo antagónico, el villano Fitzgerald, que solo aspira al dinero que le darán por una mentira, muy lejos del joven que se siente culpable, o del capitán que trata de actuar por la vida. No en vano el poeta florentino, Dante Alighieri, en “La Divina Comedia”, puso a los desleales, a los traidores en el noveno y helado círculo del infierno; en tanto Glass busca en cierto modo el camino de la redención, la quimera quizás última de un amor recíproco con su hijo, en otra dimensión, único valor que poseía y su gran motivación para vivir.

Visualmente el poder de la naturaleza avasallante tiene en el film, un gran director de fotografía, Emmanuel Lubezki, que la registra en todos sus matices devastadores o poéticos. El sonido ambiental es otro estrato a destacar, así como la banda sonora que subraya las acciones con gran acierto, y en ocasiones con gran pesadumbre.

Ganadora de tres Globos de Oro (mejor película, dirección y actor principal), Revenant: El renacido está nominada a doce premios Oscar. El próximo 28 de febrero se develará el enigma, de una cinematografía que instaura una poética muy particular, y que posee sobrados méritos para erigirse en la obra favorita, de la tan mentada ceremonia del “glamour”.

Revenant: El renacido” (The revenant), Estados Unidos, 2015. Dirección: Alejandro González Iñárritu. Guión: Mark L. Smith, Alejandro González Iñárritu (Novela: Michael Punke). Música: Carsten Nicolai, Ryûichi Sakamoto. Edición de sonido: Martín Hernández Lon Bender. Fotografía: Emmanuel Lubezki. Elenco: Leonardo Di Caprio, Tom Hardy, Domhnall Gleeson, Will Poulter, Forrest Goodluck, Paul Anderson, Kristoffer Joner, Joshua Burge, Duane Howard, Melaw Nakehk’o, Fabrice Adde, Arthur Red Cloud, Christopher Rosamond, Robert Moloney, Lukas Haas, Brendan Fletcher, Tyson Wood, McCaleb Burnett .

Paula Montes