«Revenant: El renacido» (Mathías Dávalos)

Revenant: El renacido cuenta una historia de supervivencia motivada por un deseo de venganza. Se basa en un hecho real: la proeza realizada por el trampero Hugh Glass en 1823, quien tras ser brutalmente herido fuera abandonado en el crudo invierno próximo al río Missouri por sus compañeros exploradores. Mark Smith e Iñárritu apoyan su guion en la novela homónima de Michael Punke (The Revenant, 2002).

Desde el comienzo, Iñárritu le recuerda al espectador que él fue quien realizó aquel «gran plano secuencia» de Birdman o (la inesperada virtud de la ignorancia) (2014), su película anterior celebrada por Hollywood con varios premios Oscar (incluidos mejor director y mejor película). En la escena del ataque de los indios rees al grupo de exploradores donde se encuentran Glass, su hijo el mestizo Hawk, y Fitzgerald, entre otros. Plano secuencia y la cámara encima de Glass, luego sobre Hawk, también en Fitzgerald, en un indio que cae de un árbol, en otro que cabalga en llamas, y luego, llamativamente, el director rompe la línea de tensión y comienza a seguir las flechas, perdiéndose y desperdiciando el drama y la acción de su escena.

Pero Iñárritu se toma revancha en otra escena, mejor lograda. El enfrentamiento de Glass ante una osa que protege a sus cachorros. La escena es brutal y meritoria por su incuestionable factura técnica, y asimismo por sus consecuencias, donde se luce Duncan Jarman con un gran trabajo de maquillaje al representar las heridas sobre el cuerpo del actor Leonardo DiCaprio.

Este combate entre hombre y animal es una de las claves del relato: Glass sobrevive, pero agoniza. El diezmado grupo de cazadores y exploradores, liderado por el honesto Comandante Henry (Domhnall Gleeson), se ve obligado a abandonarlo al ser perseguido por los nativos. Glass queda en compañía de su hijo Hawk y bajo el cuidado del vil Fitzgerald (Tom Hardy) y del novato Bridger (Will Poulter), quien en la historia real se convertiría con el paso de los años en un destacado explorador. Otra clave del relato es el examen de la condición humana que plantea el director: Glass la tiene complicada y Fitzgerald no quiere perder más tiempo ante esta carga. Un hombre con pocas dudas.

Revenant: El renacido es una película recargada de una pobre y estereotipada confección de sus personajes. En reiterados momentos del film el problema es alarmante. Desde Glass hasta el líder de una tropilla de franceses. Ni que hablar lo del personaje de Fitzgerald. Buenos o malos; no existen matices en el concepto de ética que plantea Iñárritu. No se salvan siquiera los indios rees, a los que el director mexicano les agrega en sus parlamentos, centrados en la figura de su cacique, un análisis histórico dueño de una alevosa corrección política propia de estos tiempos. Aunque, por otra parte, no hay que negar que una de las prioridades de este film es la denuncia de las atrocidades cometidas en tierras estadounidenses contra los nativos. En este punto no solo está Iñárritu, sino también DiCaprio, militante en asuntos de conciencia ambiental a nivel mundial, con un importante rol como figura pública denunciante sobre el grave problema del cambio climático, y reivindicador del derecho de los indios a sus tierras en Norteamérica.

Este tratamiento de la básica moral de los personajes atenta contra el resto, donde vuelve a destacarse la labor del director de fotografía mexicano Emmanuel Lubezki, quien repite con Iñárritu tras Birdman o (la inesperada virtud de la ignorancia). Pero se presenta un problema: el talentoso fotógrafo que ha brillado trabajando al lado de un cineasta de la talla de Terrence Malick en El árbol de la vida y en To The Wonder (2011 y 2012 respectivamente), aquí lo hace para Iñárritu, quien en su ampulosa ambición artística imita al realizador estadounidense hasta el hartazgo y sin brillo propio en composiciones de planos que insisten en el recuerdo a La delgada línea roja (1998) en el retrato del conflicto entre hombre y naturaleza. Por más que en su película Iñárritu busque con su cámara romper climas mediante abruptos cambios de planos (nadir, por excelencia), siempre con especial énfasis en el espacio bucólico, sea en el primer plano del agua corriendo en el río o con una mujer levitando encima de su soñador, el resultado, más que ser un tributo o un acto de continuidad audiovisual, es cinematográficamente deficitario. Un pastiche que va en disminución del carácter dramático del relato, lo contrario a lo que han revelado varias imágenes poéticas realizadas por Malick.

La actuación de Leonardo DiCaprio como Hugh Glass es meritoria. Físicamente expresiva, conforme al martirio de un sobreviviente en el abandono y brutalmente herido ante el cruel invierno de Montana y Dakota del Sur. Hay escenas extremas que plantean la lucha, más bien en modo de adaptación, del hombre ante la naturaleza. Una relación hostil a la que DiCaprio responde con oficio. Nuevamente buena parte de la prensa y de la opinión pública internacional vuelven a aludir acerca de cierta «deuda» que la Academia de Hollywood tiene con el actor al no haberle entregado aún la estatuilla. Cansa la frase «este es el año de DiCaprio», que se repite hace más de una década a medida que se acerca la ceremonia. Para los interesados en este tema, es una cuestión de criterios. Para algunos, entre los que me incluyo, DiCaprio merecía el premio Oscar a mejor actor de reparto por su trabajo, como un niño con retraso mental, en ¿A quién ama Gilbert Grape? (Lasse Hallström, 1993). También creo, con mayor énfasis, que merecía el Oscar a mejor actor por su interpretación del magnate Howard Hughes en El aviador, monumental película de Martin Scorsese de 2004.

Revenant: El renacido no es una gran película sobre una odisea del hombre enfrentado a la naturaleza. El director muestra mucho más interés a sus tomas que al desarrollo humanista de sus personajes inmersos en el relato. Un film infinitamente menor a otros como Furia salvaje (Richard Sarafian, 1971, basado libremente en la odisea de Glass), dos de Werner Herzog como Aguirre, la ira de Dios (1972) y Fitzcarraldo (1982), y al respetable Apocalypto (2006), dirigido por el políticamente incorrecto Mel Gibson. Para Iñárritu, su nueva película «debería verse en un templo», según dijo al Financial Times. Esto puede ser cierto en el hecho de que el espectador pueda allí rodearse de espiritualidad, algo de lo que este film, más allá de los artificios que lo adornan, carece.

Revenant: El renacido” (The Revenant). Dirección: Alejandro G. Iñárritu. Guion: Mark L. Smith, Alejandro G. Iñárritu. Fotografía: Emmanuel Lubezki. Música: Ryuichi Sakamoto. Elenco: Leonardo DiCaprio, Tom Hardy, Will Poulter, Domhnall Gleeson. 156 minutos. 2015.

Mathías Dávalos (uy.press, 25/01/2016)